Esa mujer que tienes en la sombra

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Puede ocurrir que tengamos dos tipos de relaciones en nuestra vida. Ese hombre un poco gris, algo anodino, amable, que nos da seguridad pero que acabará por aburrirnos y terminemos boicoteando la relación de forma inconsciente. Y ese otro, que solo pensar en él ya nos hace sonreír y estremecernos, ese que nos vuelve tan locas que ni nos reconocemos, que en un segundo nos eleva al cielo y nos arrastra hasta los infiernos; ese hombre que nos duele tanto su presencia como su ausencia pero que, como si de una droga se tratase, volvemos una y otra vez. Ese hombre, es tu sombra más oscura, esa parte de ti escindida de la que tienes tanto miedo como deseo de adentrarte en ella.

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Un bufé de platos infinitos

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¿Por qué comemos siempre lo mismo si la vida es un gran bufé del platos infinitos? ¿Por qué nos quejamos de que cada día es igual al anterior si siempre hacemos lo mismo? ¿Por qué nos lamentamos por protagonizar un bucle similar a de “Atrapado en el tiempo” si somos mejores que Bill Murray repitiendo “el día de la marmota”?

No esperes a que llegue el próximo fin de semana para intentar hacer algo extraordinario para luego darte cuenta de que no era eso exactamente lo que necesitabas. No comiences la semana en una cuenta atrás contando las jornadas que quedan hasta que vuelva el ansiado viernes. ¿Qué tal si hacemos del lunes un experimento y de nuestra vida un laboratorio?

Empieza por desayunar algo distinto, desviarte un poco de la ruta habitual, comprar el pan en otro sitio y darte un capricho. Un capricho no tiene por qué ser nada caro o complicado. Un capricho es salir un poco antes del trabajo y sentarte en un banco con un café, pedir comida para cenar y mientras esperas sumergirte en la bañera o abrir una botella de vino porque tú eres lo mejor que hay que celebrar. Prueba a hablar con esa persona a la que ves siempre pero apenas conoces o mira por la ventana del autobús en lugar de revisar una y otra vez el móvil.

Respira y siente. Y vuelve una y otra vez a ti cuando tus pensamientos te arrastren hacía la noria de las preocupaciones. Respira y siente. Haz algo nuevo mañana. A ver qué pasa.

The Marvelous Mrs. Maisel

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Uno de mis pequeños placeres cotidianos es el momento en el que finaliza la jornada, me apodero del sofá y me entrego a la serie en la que estoy inmersa en ese momento. Y soy de entregarme de verdad, de identificarme, amar y odiar a los personajes que desfilan frente a mí mientras doy cuenta de mi cena con concesiones, si es fin de semana, y más frugal de lunes a viernes. (En verano, esta regla se rompe día tras día.)

Soy de las que vibro con Juego de Tronos y me vuelvo mala malísima con House of cards. Puedo ver Friends por décima vez que seguiré sintiendo ese vacío que me dejó el final (“He bajado del avión”) cuando sentí que había perdido para siempre a mis mejores amigos. Dramas aparte os contaré que he descubierto una delicia, una maravilla, una pequeña joya que me está dando muy buenos momentos. Se trata de The Marvelous Mrs. Maisel.

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Lágrimas inesperadas

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Algunas veces una canción, un pasaje de un libro o una escena de una película rozan un resorte en tu interior que abre un caudal de lágrimas. Comienzas a llorar sintiendo un desconsuelo en el corazón que no comprendes. Y lo juzgas como desorbitado, y te enjuagas las lágrimas llamándote dramática y obligándote a parar.

No lo hagas. Puede que no sea la canción, ni el libro ni la película. Puede que sean todas esas lágrimas que un día no lloraste por orgullo, por miedo, por rabia o porque creías que no se debía sentir tristeza. Déjalo estar. Dales la bienvenida. Como dice Clarissa Pinkola, las lágrimas son una bendición. “Las lágrimas son un río que nos llevan a alguna parte. El llanto crea un río alrededor de la barca que transporta nuestra vida espiritual. Las lágrimas levantan la embarcación por encima de las rocas, por encima del terreno seco y la transportan río abajo a un lugar nuevo y mejor“.

¡Atrévete!

Sin esperas

No te quedes esperando a que llame, a que vuelva, a que se decida. Amar es para valientes. Lo reconocerás en cuanto aparezca. Su mirada, su energía, su decisión. Con los que saben amar no hay esperas porque el camino contigo es intenso y apasionante. Lo reconocen y están deseando compartirlo.

¿De verdad quieres seguir esperando en la torre? Baja y lo encontrarás en la batalla.

Cosas que echaré de menos del verano

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No es mi estación favorita. Siempre me encuentro más refugiada en el otoño o el invierno. Creo que es porque estás estaciones invitan a lo que tanto me gusta: café calentito contemplado la lluvia tras el cristal, sofá, manta y un buen libro, una buena peli ese sábado que el sol se adormece tras las nubes… Pero para no ser injusta con el verano, diré que sí, que hay cosas que echaré de menos porque son puro placer:

  1. Apagar el despertador durante un mes y cerrar y abrir los ojos cuando mi cuerpo quiera, cuando la vigilia y el sueño sean por fin propiedad de mi necesidad y no de mis obligaciones.
  2. Abrir los ojos y quedarte un buen rato sintiendo el frescor de la madrugada dejando que las sábanas te acaricien un ratito más. Y volverte a dormir.
  3. La ducha después de regresar de la playa, ese placer de dejar que la arena y el salitre resbalen por tu cuerpo mientras casi levitas de pura relajación.
  4. Esa cerveza fría, fría, fría… en esa jarra helada, helada, helada… en una terraza, en el bar de la esquina o en tu casa. Da igual, la cerveza es lo importante.
  5. Despedir despacio el día, viendo como el sol remolonea tras las montañas mientras los ojos se te bañan de naranjas y rosados imposibles.
  6. Vestirme ligera, en un minuto, dejar el pelo que se seque al aire y darme cuenta de que todo es más sencillo cuando necesitamos menos.

Hay muchos veranos, en sitios cálidos y frescos, con vacaciones o sin ellas, con la familia, con los amigos o en soledad. Cada verano es único, ni es igual que el del años pasado ni el mismo que vendrá después. Cada estación nos trae la oportunidad de vivir un poco más, un poco más plenamente cada día. De renovarnos, de transformarnos, de aprender. Dentro de poco los árboles dejarán caer sus hojas sin mirar atrás, aceptando el paso ineludible del tiempo. Así nos entregamos también a lo que llega, la magia brotará de nuevo en sus ramas. Pero antes, hay que reposar, dar tiempo, silenciarse, bucear dentro. Sumérgete para que el próximo año tus hojas sean tan fuertes, tan sabias y tan bellas que por fin te reconozcas en ellas.

Bye, bye, summer