Fe

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La fe es ir a ciegas y, a pesar de ello, ir. La fe es avanzar incluso cuando la razón busca y no encuentra. Es atravesar la lucha entre el silencio y la mente que quiere poner palabras a lo innombrable. Mi yo se angustia por no poder atrapar lo inefable, por no poder acotarlo en la denominación, en la existencia que confieren las palabras cuando pronunciamos algo. Pero lo impronunciable no se puede pronunciar. Y eso produce vértigo. Y es caminar a oscuras sin certeza de que en algún momento se abrirá un claro en el que poder entender más allá de los conceptos. Y sonreír, porque ya hemos entendido sin entender.

Asomarse al abismo y saltar, en silencio, y esperar ser abrazada más allá de las palabras, allí donde el misterio habita.

 

¿Quién?

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Me busco y no me encuentro.

O me encuentro en multitud de rostros frente al espejo.

¿Cuál de ellos soy?

Quizás el que llora asustado en un rincón.

Quizás el que mira con ojos inquisidores.

Quizás el que necesita salir a jugar.

Quizás ninguno.

¿Y si soy el rostro que todo lo ve?

¿El que mira con compasión y

alarga sus brazos para consolarlos a todos

con su infinito amor?

Fantasma

Algunas noches, cuando todos duermen y ni el silencio se escucha, tecleo tu número en el teléfono, ese número que no respeta el deseo de olvido. Entonces te agrego a mis contactos y busco con cierto temor la foto de tu perfil.

Es como si pudiera brevemente abrir una mirilla a tu mundo. A veces hay una foto tuya. Este año has engordado y tu pelo está más blanco. El tiempo no se detiene ni ante un cuerpo como el que solías habitar.

Hace ya tanto que a veces dudo de si solo queda el fantasma que mi mente decidió adoptar. Solo sé que no pasa ni un solo día, año tras año, que no me acuerde de ti.

Ya hay más tiempo de ausencia que de momentos compartidos. Ni el amor más profundo podría dejar una huella así. Fue el dolor de tu masacre en el campo de batalla que dibujé para ti.

El cuerpo, ¿veredicto?, culpable

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Hay comentarios de sobremesa que me indigestan la deliciosa comida que haya podido precederles. Y hace poco escuché uno que me arruinó el postre. La anécdota “graciosa” era que en un grupo de Whatsapp de una comunidad de propietarios, alguien había colgado una foto de una vecina posando en ropa interior en la cocina de su casa. La vecina en cuestión es una participante de un concurso de televisión que acababa de mudarse al vecindario. La foto estaba en su Instagram y uno de los vecinos la puso en el Whatsapp común (ella todavía no estaba incluida), y a partir de ahí, le siguió una ristra de comentarios soeces, burlas y humillaciones varias. Lo que más me sorprendió es que en la mesa todo el mundo se rió con ese episodio de escarnio público, incluidas la mujeres que allí estábamos. A pesar de mi propósito renovado de no ser la nota disonante, no pude callarme y de mi boca salió un comentario de desaprobación. Y entonces recibí la contestación… LA CONTESTACIÓN… “Bueno, ella es la que ha puesto la foto en Instagram, que no se hubiera fotografiado así, no?”

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El regalo de la oscuridad

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Tiempo de oscuridad. Tiempo de recogimiento, de entrar en la cueva y lamernos las heridas. Tiempo de silencio, de desvelar lo que tanto miedo nos da y mirarlo de frente. Tiempo de bajar al sótano y revisar lo que sirve y lo que ya no podemos retener más. Tiempo de duelo. Es momento de quietud y paciencia. Como el árbol que despojado de sus hojas reúne fuerzas para explosionar en primavera, así nosotras podemos nutrir y fertilizar nuestro centro. Como el vientre que acoge la semilla, así podemos gestar nuestros proyectos, nutrir nuestros deseos y revisar nuestros anhelos. 

No tengas miedo de la noche más oscura. Ninguna noche es eterna ni la luz se aleja para siempre. Prepara tu corazón para lo que viene. Tienes todo el Amor del mundo a tu disposición.

Féliz Navidad.

El disfrute de lo políticamente incorrecto

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Tengo una especial tendencia hacia la rebeldía. Creo que es lo que me ha llevado a sobreponerme, a pesar de pagar un gran precio, a situaciones que no podía aceptar sin más. A veces, incluso, tengo que dar un paso atrás para contemplar el paisaje en su totalidad y no dejarme llevar por el simple placer de rebelarme contra lo que se me quiere imponer. A veces, muchas veces, en lo políticamente incorrecto hay posos de creencias rancias y dañinas que no podemos tolerar porque simplemente van contra lo que nos dicta el corazón. Es maravilloso que depuremos desigualdades, que nos sensibilicemos ante las conductas machistas, que denunciemos el mal trato, el racismo y la xenofobia. No hablo de eso, hablo de este puritanismo con tufillo a hipocresía que como las olas del mar van llegando a nuestras orillas con cantos de sirena. ¿Acaso no es el mismo perro con distinto collar?

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La infidelidad llama a tu puerta

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Nota: esta entrada contiene spoilers de Casablanca, Los puentes de Madison y Breve encuentro.

Leí el otro día que volvemos una y otra vez a revisar algunas películas con la esperanza de que esta vez sí, esta vez el final sea como anhelamos. Clásicos como Casablanca que nos mantienen con una atención renovada, con el corazón en un puño, deseando que el guion haya dado un giro imprevisto y que Ingrid Bergman no se suba a ese avión. (¿En serio te vas a ir dejando a ese maravilloso Humphrey Bogard teñido de blanco y negro?) Y aquella desolación que nos dejó Los puentes de Madison cuando Francesca (Meryl Streep) duda entre su apacible y ¿segura? vida, y ese pobre Clint Eastwood empapado esperando que se reúna con él. (Por favor, Francesca, abre esa puerta de una vez y sal corriendo). Me vienen a la memoria otras cintas como Breve encuentro de David Lean, una delicia de película en la que se recrea la breve historia de amor entre dos personas casadas, en la que finalmente ella se queda con su esposo.

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La grieta por donde entra la luz

La herida es el lugar por donde entra la luz (Rumi)

Hay una técnica japonesa, llamada kintsugi, que consiste en dar una nueva oportunidad a la porcelana rota, unir los pedazos y pintar con polvo de oro las marcas de la reconstrucción. Debajo de este arte hay una profunda enseñanza, un mensaje de esperanza más allá del dolor de las heridas.

Me pregunto a veces cuando acaba el momento de ser victima para pasar a ser supervivientes. Entonces me acuerdo de esta técnica y me armo de valor, me da fortaleza y confianza para saber que,  por muy rota que haya estado, por muy profundas que sean las heridas hay una forma de reconstruirse.

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Cuando no tener planes es el mejor plan

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¿Tanto nos cuesta aceptar lo que sucede en cada momento? ¿Tanto cuesta escucharnos y abrazar lo que realmente nos apetece, lo que sentimos, lo que el cuerpo nos demanda? Y puestos a preguntar, ¿qué hay detrás de esa lucha por imponer lo que creemos que debería ser?

Para empezar hace ya tiempo que cuando detecto un debería en mi discurso interno, desconfío. El debería es la bandera que enarbola ese crítico interno con el que voy reconciliándome poco a poco. Ahora, cuando pronuncia un debería, le sonrío sin enfadarme pero para mí es la señal de que me vendría mejor ir por otro camino. Y ese camino es siempre más amable, más sereno, más placentero, tranquilo y nutritivo.

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Reuniones familiares, ¿y si digo no?

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¿Sabes que puedes elegir? Yo no lo sabía. Iba de un lado para otro, de una comida familiar a otra, de un acontecimiento a otro. Ni siquiera me planteaba que pudiera decir que no. Hasta que me pregunté ciertas cosas, hasta que alguien me dijo que se podía vivir de otra manera. Hasta que me escuché.

Cierra los ojos y formula una pregunta, una pregunta sencilla… “¿De verdad quieres?. ¿Te apetece ir a esa comida?¿Te apetece estar con esa persona?¿Quieres emplear tu preciado tiempo en esto?” Y si la respuesta es no, formula otra pregunta, “¿Por qué lo haces entonces?” Mi respuesta fue por miedo a que se enfaden, a que me dejen de hablar, a quedarme sola, a que me tilden de “rarita”, a no encajar… O puede que por pena o por cumplir expectativas o simplemente porque las cosas son así, no se replica y se hace lo que se supone que se debe hacer.

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