Reuniones familiares, ¿y si digo no?

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¿Sabes que puedes elegir? Yo no lo sabía. Iba de un lado para otro, de una comida familiar a otra, de un acontecimiento a otro. Ni siquiera me planteaba que pudiera decir que no. Hasta que me pregunté ciertas cosas, hasta que alguien me dijo que se podía vivir de otra manera. Hasta que me escuché.

Cierra los ojos y formula una pregunta, una pregunta sencilla… “¿De verdad quieres?. ¿Te apetece ir a esa comida?¿Te apetece estar con esa persona?¿Quieres emplear tu preciado tiempo en esto?” Y si la respuesta es no, formula otra pregunta, “¿Por qué lo haces entonces?” Mi respuesta fue por miedo a que se enfaden, a que me dejen de hablar, a quedarme sola, a que me tilden de “rarita”, a no encajar… O puede que por pena o por cumplir expectativas o simplemente porque las cosas son así, no se replica y se hace lo que se supone que se debe hacer.

Yo me he atrevido a hacer cambios, cuesta mucho, tanto que el estómago se te encoge como si te hubieran dado un golpe seco. Pero lo he hecho, he elegido no pasar la Nochevieja con mis padres y no participar en el “amigo invisible” de este año. Y lo he hecho porque me he escuchado, porque sé lo que me sienta bien y lo que no, porque sé que si tenso mucho la cuerda con las reuniones familiares termino resintiéndome, porque no encajo y ya no quiero seguir forzándome, porque me respeto.

Y he tenido que aguantar malas caras, burla, reproches, críticas, que me tilden de egoista, la frase que tantas veces utilizan los manipuladores “a veces hay que hacer cosas por los demás” cuando lo que realmente están diciendo “tienes que hacer lo que yo quiera para hacerme feliz”, y también algo así como que qué necesidad hay de “dar la nota”.

Así descubres lo mucho que te quieren y te sonríen cuando sigues a la manada pero cuando dices, lo siento pero ahora prefiero quedarme un rato al margen para ocuparme de mí, entonces te lo ponen difícil. Hay tanto miedo en estas relaciones, tanto miedo a soltar al otro por temor a que nos deje, que construimos una imagen de familia feliz en un molde preestablecido que nadie puede cuestionar. Somos vasos comunicantes sin derecho a renunciar a un guion que nos han colocado debajo del brazo. Sin embargo, a nadie le importa que no haya confianza, que haya mentiras y secretos familiares, que alguien esté ahí cuando realmente no lo desea, que no haya intimidad. Eso no importa, solo importa la imagen de familia feliz y unida porque a nadie se le ocurre salir del sistema. ¿Qué hay detrás de ese enfado cuando alguien elige hacer algo distinto? Si algo tan sencillo como no querer participar en un juego de regalos tambalea los cimientos creo que un sistema muy enfermo.

Quiero amar en libertad y tener la seguridad de que cuando estás conmigo es porque realmente te sale del corazón, y dejarte libre para elegir aunque no comparta tu decisión. Quiero poder decirte que me duele tu ausencia sin manipularte ni culparte para ver qué parte de responsabilidad tengo en eso, si es que la tengo. Quiero sentirme libre para darme desde el corazón, no desde el miedo, la amenaza o las convenciones sociales. Y eso me hace feliz. Lo otro me encoge, me asusta, me oscurece.

Que el 2019 sea un año de LUZ y de AMOR.

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Esa mujer que tienes en la sombra

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Puede ocurrir que tengamos dos tipos de relaciones en nuestra vida. Ese hombre un poco gris, algo anodino, amable, que nos da seguridad pero que acabará por aburrirnos y terminemos boicoteando la relación de forma inconsciente. Y ese otro, que solo pensar en él ya nos hace sonreír y estremecernos, ese que nos vuelve tan locas que ni nos reconocemos, que en un segundo nos eleva al cielo y nos arrastra hasta los infiernos; ese hombre que nos duele tanto su presencia como su ausencia pero que, como si de una droga se tratase, volvemos una y otra vez. Ese hombre, es tu sombra más oscura, esa parte de ti escindida de la que tienes tanto miedo como deseo de adentrarte en ella.

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Un bufé de platos infinitos

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¿Por qué comemos siempre lo mismo si la vida es un gran bufé del platos infinitos? ¿Por qué nos quejamos de que cada día es igual al anterior si siempre hacemos lo mismo? ¿Por qué nos lamentamos por protagonizar un bucle similar a de “Atrapado en el tiempo” si somos mejores que Bill Murray repitiendo “el día de la marmota”?

No esperes a que llegue el próximo fin de semana para intentar hacer algo extraordinario para luego darte cuenta de que no era eso exactamente lo que necesitabas. No comiences la semana en una cuenta atrás contando las jornadas que quedan hasta que vuelva el ansiado viernes. ¿Qué tal si hacemos del lunes un experimento y de nuestra vida un laboratorio?

Empieza por desayunar algo distinto, desviarte un poco de la ruta habitual, comprar el pan en otro sitio y darte un capricho. Un capricho no tiene por qué ser nada caro o complicado. Un capricho es salir un poco antes del trabajo y sentarte en un banco con un café, pedir comida para cenar y mientras esperas sumergirte en la bañera o abrir una botella de vino porque tú eres lo mejor que hay que celebrar. Prueba a hablar con esa persona a la que ves siempre pero apenas conoces o mira por la ventana del autobús en lugar de revisar una y otra vez el móvil.

Respira y siente. Y vuelve una y otra vez a ti cuando tus pensamientos te arrastren hacía la noria de las preocupaciones. Respira y siente. Haz algo nuevo mañana. A ver qué pasa.

The Marvelous Mrs. Maisel

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Uno de mis pequeños placeres cotidianos es el momento en el que finaliza la jornada, me apodero del sofá y me entrego a la serie en la que estoy inmersa en ese momento. Y soy de entregarme de verdad, de identificarme, amar y odiar a los personajes que desfilan frente a mí mientras doy cuenta de mi cena con concesiones, si es fin de semana, y más frugal de lunes a viernes. (En verano, esta regla se rompe día tras día.)

Soy de las que vibro con Juego de Tronos y me vuelvo mala malísima con House of cards. Puedo ver Friends por décima vez que seguiré sintiendo ese vacío que me dejó el final (“He bajado del avión”) cuando sentí que había perdido para siempre a mis mejores amigos. Dramas aparte os contaré que he descubierto una delicia, una maravilla, una pequeña joya que me está dando muy buenos momentos. Se trata de The Marvelous Mrs. Maisel.

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Lágrimas inesperadas

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Algunas veces una canción, un pasaje de un libro o una escena de una película rozan un resorte en tu interior que abre un caudal de lágrimas. Comienzas a llorar sintiendo un desconsuelo en el corazón que no comprendes. Y lo juzgas como desorbitado, y te enjuagas las lágrimas llamándote dramática y obligándote a parar.

No lo hagas. Puede que no sea la canción, ni el libro ni la película. Puede que sean todas esas lágrimas que un día no lloraste por orgullo, por miedo, por rabia o porque creías que no se debía sentir tristeza. Déjalo estar. Dales la bienvenida. Como dice Clarissa Pinkola, las lágrimas son una bendición. “Las lágrimas son un río que nos llevan a alguna parte. El llanto crea un río alrededor de la barca que transporta nuestra vida espiritual. Las lágrimas levantan la embarcación por encima de las rocas, por encima del terreno seco y la transportan río abajo a un lugar nuevo y mejor“.

¡Atrévete!

Sin esperas

No te quedes esperando a que llame, a que vuelva, a que se decida. Amar es para valientes. Lo reconocerás en cuanto aparezca. Su mirada, su energía, su decisión. Con los que saben amar no hay esperas porque el camino contigo es intenso y apasionante. Lo reconocen y están deseando compartirlo.

¿De verdad quieres seguir esperando en la torre? Baja y lo encontrarás en la batalla.